martes, 23 de abril de 2013

Un libro reúne una retrospectiva de fotos de Adriana Lestido

Marcada por el fotoperiodismo y después por la irrupción de la naturaleza en su obra, Adriana Lestido repasa en el libro Lo que se ve treinta años de trabajos con la imagen, donde muestra una mirada particular que avizora mucho más allá de lo que pone en foco al obturar la cámara.

Un fondo de pancartas en Plaza de Mayo y en primer plano una madre con un pañuelo blanco y su pequeña hija alzada, ambas con el puño en alto: "Esa foto la saqué una semana después de entrar en el diario La Voz, en 1982. Fue una imagen fundante de todo lo que vino después", subraya Adriana en una entrevista con Télam.
 
"De esto me di cuenta en la retrospectiva realizada en 2007 en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta. Una de las pocas que quedaron de mi trabajo como reportera gráfica. Una madre, su hija, el hombre ausente, el dolor por su ausencia, temas que después desarrollo en el tiempo. Una foto atípica, porque no es una madre pidiendo por su hijo, sino por su compañero", desliza.

 
El libro que se presentará el 14 de mayo en el Museo Nacional de Bellas Artes está publicado por Capital Intelectual con el auspicio del grupo Insud y el Mecenazgo Cultural de la ciudad de Buenos Aires.
 
En orden cronológico se suceden fotos sueltas, algunos textos y las series "Hospital Infanto Juvenil", "Madres Adolescentes", "Mujeres presas", "Madres e hijas", "El amor" y "Villa Gesell".
 
- T: ¿Cómo resignificas tu obra, después de 30 años?
- A: Hasta la serie de las presas fue una cosa y a partir de "Madres e hijas" otra, con un abordaje distinto al igual que en   "El amor", donde aparece el afuera, hay muchos paisajes.
 
La serie de las presas, "Hospital Infanto Juvenil" y "Madres adolescentes" están hechas en lugares de encierro, con un fuerte contenido social. Y eso cambia con "Madres e hijas", cuando  elegía a alguien era de mi entorno. Con todas las mujeres hice muchos viajes, y aparte de la entrega distinta que hay en una situación así me interesaba incorporar paisajes, cielos.... algo necesario.
 
- T: Se abrió otro camino al dejar el fotoperiodismo...
- A: Me formé como fotoperiodista y esa impronta estaba muy fuerte al principio, en el 95 decidí dejarlo, percibí que mi trabajo personal iba por un camino paralelo. Todo se fue abriendo más y fue cuando comencé a hacer "Madres e hijas", una serie mucho mas despegada de todo lo anterior.
 
- T: Pasaste de trabajar en un medio a tener también una tarea docente ¿cómo influyó esto en tu trabajo?
- A: Los talleres son un aprendizaje infinito, porque la enseñanza baja para todos de alguna manera; me marcaron dándome más libertad y me ayudan a afianzarme en lo que creo. Allí soy yo tal cual. La consigna de los talleres es la de mi vida, ver las cosas tal cual son. Por eso muchas veces no me gusta hablar de las fotos, está bueno que cada uno se apropie de la imagen. Hay tantas lecturas como miradas posibles.
 
- T: Hay algo en tu manera de fotografiar que remite a sacar lo superfluo del medio...
- A: Sí, como fundirme con el corazón de lo que estoy mirando. Por eso también el título: una frase de Sara Gallardo, lo que me gusta es lo que se ve a través mío. Me recuerda la frase `la obra es obra cuando el yo se diluye`.
 
- T: Sacando tres polaroids en color, todas las fotografías son en blanco y negro. ¿Por qué esa elección? 
- Las polaroids jugaron como pasajes, una es el entierro de mi viejo, otras dos de mi luna de miel, momentos de pasaje. Pero siento que el blanco y negro es más medular, no hay distracción. Va más al meollo, no es que no me interese el color, tiene un peso. El blanco y el negro ... así son los sueños, como si la imagen inconsciente no tuviera color, salvo si el color tiene una función concreta.
 
- T: En tu libro "Interior" aparece una conexión mayor con la naturaleza...
- A: Con los años cada vez estoy más conectada con esto, creo que la creación pasa por la limpieza, la vida pasa por la limpieza, por sacar todo lo que hace ruido y hacer espacio. Y la naturaleza me ayuda a centrarme, a ver, a sacarme locuras de encima. Tengo una casa en la costa y cada vez voy más. La naturaleza siempre me ayudó a ver y a comprender.
 
- T: ¿Estás con algún nuevo trabajo? 
- A: Ahora estoy trabajando con una serie de la Antártida, el año pasado estuve un mes y medio, fue una residencia de arte del Instituto Antártico. Pasé unos días en Río Gallegos y después nos embarcaron y estuvimos allá entre 3 y 4 semanas. Básicamente son fotos en blanco y negro, salvo una panorámica que hice en color, que se presentan en estos días en el Palais de Glace.
 
- T: Si tuvieras que elegir una fotografía del libro ¿Cuál sería? 
- A: La de la tapa ("Mujeres presas"), la mujer con un cuchillo. Siento que es una de mis fotos claves, a todo el mundo por ahí le impresiona el cuchillo, a mí me impresiona más la cara, el cuchillo le da peso a la mirada, pero a mí me interesa la cara.
 
- T: ¿Cuánto tiempo te lleva cada foto, armar cada serie, cómo es tu mecánica de trabajo? 
- A: Mucho tiempo, siempre, me permite ver lo que tiene vida. Ahora con la serie de la Antártida estuve todo el año pasado viendo el material, trabajando con las copias, y sigo, necesita un tiempo de gestación, algo que pueda salir y vivir. A veces se  subestima un poco el trabajo posterior a obturar, que es sólo una parte, después viene mucho más. Para mí es necesario encontrar el patrón de lo que quiero decir. Es un trabajo de limpieza y de conexión.
 
Y antes de empezar a fotografiar me zambullo en lo que quiero ver desde todas las expresiones posibles, la literatura, la música, la pintura, lo que sea por necesidad y después me olvido de todo y hago la foto.

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